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«La ociosidad es enemiga del alma; por eso han de ocuparse los hermanos a unas horas en el trabajo manual, y a otras, en la lectura divina.
Si las circunstancias del lugar o la pobreza exigen que ellos mismos tengan que trabajar en la recolección, que no se disgusten, porque precisamente así son verdaderos monjes cuando viven del trabajo de sus propias manos, como nuestros Padres y los apóstoles. Pero, pensando en los más débiles, hágase todo con moderación».

Según la doctrina de la Iglesia y de la Santa Regla, cada trabajo tiene su propia dignidad. Por esto conviene que en los trabajos y en los encargos domésticos calaboren todas las monjas, sin excluir a las que realizan trabajos intelectuales y  artísticos; en este modo, mientras practican una ascesis salutare, reciben un mayor equilibrio personal.

cfr. RB cap. 48 e dic.