Formacion Monastica

Siendo éste Monasterio una nueva fundación, y no teniendo aún un numero  suficiente de monjas, se ha decidido con permiso de la Sagrada Congregación que la formación humana y espiritual de las jóvenes aspirantes se realice en el Monasterio Madre en  Italia, para una maduréz más firme y un discenimiento  mas fundado en el querer abandonar todo y seguir a Cristo Pobre Obediente y Casto  en el Claustro benedictino.
Un periodo corto de tiempo  (o el necesario), las jóvenes que sienten esa inquietud pueden vivir una primera experiencia de la vida claustral benedictina en este Monasterio de San Juan Bautista, para conocer la vida en la que las monjas alaban en la Liturgia de las horas al Unico Rey y Señor por el cual siguiendo la invitación de Jesús: ” Ven y Sígueme”quieren escuchar la voz que dulcemente las invita.

Vocación :

En la Regla de Nuestro Santo Padre Benito, encontramos un capítulo específico para aquellos que sienten el llamado y buscan de verdad seguir el camino de la consagración religiosa: “No se reciba fácilmente al que recién llega para ingresar a la vida monástica, sino que, como dice el Apóstol, “prueben los espíritus para ver si son de Dios” (Jn 4,1).
Por lo tanto, si el que viene persevera llamando, y parece soportar con paciencia, durante cuatro o cinco días, las injurias que se le hacen y la demora de su ingreso, y persiste en su petición, permítasele entrar, y esté en la hospedería unos pocos días. Después de esto, viva en la residencia de los novicios, donde éstos meditan, comen y duermen. Asígneseles a éstos un anciano que sea apto para ganar almas, para que vele sobre ellos con todo cuidado. Debe estar atento para ver si el novicio busca verdaderamente a Dios, si tiene las aptitudes y actitudes para la Obra de Dios, para la obediencia y las humillaciones. Prevénganlo de todas las cosas duras y ásperas por las cuales se va a Dios”(cfr. RB 58).

“Mi palabra se dirige ahora a ti, quienquiera que seas, que renuncias a tus propias voluntades y tomas las preclaras y fortísimas armas de la obediencia, para militar por Cristo Señor, verdadero Rey. Ante todo pídele con una oración muy constante que lleve a su término toda obra buena que comiences. Ciñados, pues, la cintura con la fe y la práctica de las buenas obras, y siguiendo su camino, guiados por el Evangelio, para merecer ver en su reino a Aquel que nos llamó. Mas cuando progresamos en la vida monástica y en la fe, se dilata nuestro corazón, y corremos con inefable dulzura de caridad por el camino de los mandamientos de Dios. De este modo, no apartándonos nunca de su magisterio, y perseverando en su doctrina en el monasterio hasta la muerte, participamos de los sufrimientos de Cristo con paciencia, a fin de merecer también acompañarlo en su reino (cfr.Prol. RB).

Estas son las etapas que se viven en la formaciòn monàstica:

Aspirantado:
Cuando una joven pide ser admitida en el monasterio, su petición será examinada para ver si es animada con una recta intención; se requiere que tenga una buena salud, ánimo y otras cualidades que hagan pensar su aptitud a la vida monástica; deberá tener una cultura suficiente para el cumplimiento de los deberes escenciales de la vida monástica o al menos suficientes capacidades intelectuales para obtenerla.

Postulantado:
Es un tiempo de prueba en el cual la candidata se forma a nivel de instrucción religiosa y humana. El postulantado tiene la duración de un año en el cual se inicia a una parcial y gradual colaboración en las actividades comunitarias. La Abadesa con el consentimiento del Capítulo lo puede prolongar.

Noviciado:
El Noviciado se vive para asegurarse que las novicias puedan tomar mayor conciencia de la vocación divina, experimentar el estilo de vida monástica, formarse la mente y el corazón. El empeño principal de las novicias es la práctica del desapego gradual de todo aquello que no tiene alguna relación  con el Reino, para consolidar la unión habitual con Cristo, en la simulación a sus misterios. Aquí tiene que apreciar como el fundamento de toda su formación la Sagrada Escritura, porque de la lectura y de la meditaciòn de los libros sagrados entienda la ciencia por excelencia de Jesucristo. Por otra parte se dedica al estudio de la doctrina sobre la vida religiosa en sus varios aspectos: teológico, histórico y canónico y en particular lo que se refiere la naturaleza y las obligaciones de los votos.

Profesión Temporal:
El momento en el cual la Novicia se verá suficientemente preparada, se presenta al Capitulo para la admisión a la profesiòn temporal en la cual las novicias prometen por tres años: la obediencia, la pobreza y la castidad según la Regla de nuestro Santo Padre Benito. Después de la primera profesión se continuará la formación  para poder seguir integralmente la vida monástica. Las jóvenes profesas se introducen definitivamente a los varios trabajos comunitarios como expresión del humilde servicio característico del espíritu benedictino, como ejercicio de la ascesis y de la realización personal y comunitaria. Las profesas de votos temporales gozan de las mismas  gracias espirituales  y de los mismos derechos que tienen las profesas de votos solemnes.

Profesión Solemne:
Cuando la profesa de votos temporales está suficientemente preparada y dispuesta a consagrarse a Dios definitivamente con los votos  solemnes, será presentada por la Abadesa al voto deliberativo del Capítulo conventual, para la profesión solemne. La profesa debe renunciar radicalmente a todos los bienes que en ese momento posee. El Santo Padre Benito ha querido que la incorporación a la Comunidad fuera confirmada por la profesa con el voto de Estabilidad, de Conversión de costumbres y Obediencia. Con el voto de Estabilidad la monja se centra  al monasterio en el cual ha emitido la profesión.  Con el voto de Conversión de costumbres, la monja separándose del mundo se esfuerza por la perfección evangélica de la caridad mediante la ascesis, este voto conlleva los votos de pobreza y castidad. Con el voto de Obediencia, la monja consagra plenamente a Dios  su voluntad, y se somete con espíritu de fé a la Abadesa que es representante de Dios.