Agradecimiento

agradecimiento (2)Agradecimiento de la Madre Abadesa Raffaella Capogna osb
Antes de concluir esta fiesta en la Fé, quiero dar gracias junto con ustedes al Señor, que en su inmensa Misericordia ha querido servirse de las hijas de San Benito para realizar éste, su proyecto, “Si el Señor no construye la casa en vano se cansas los constructores” (sl 126,2). El Señor bendiga a todos  para que podamos ser piedras vivas en la edificación de este templo para ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios, por medio de Jesucristo, unidos en el Espiritu Santo.

Quiero agradecer a S.E. Rev.ma Mons. Cristophe Pierre,  Nuncio Apostolico en México que hoy nos alegra con su presencia.

Un agradecimiento particular a nuestros Arzobispos: S.E. Rev.ma Sergio Obeso Rivera que ha sido el primero en acogernos e invitado a instaurar la vida Monástica Benedictina en ésta Arquidiósesis; a S.E. Rev.ma Mons. Hipolito Reyes Larios que nos ha ofrecido su ayuda incondicional y un váido apoyo para la apertura de éste Monasterio en ocasión del 150 aniversario de la fundación de la Diocesis.

Todo esto no hubiera sido posible sin el soplo renovador del Espíritu Santo que se ha servido de la Madre Vicentita, de venerable memoria, fundadora de las Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús , que fué la primera que me hospedó en su Comunidad. Del mismo modo quiero agradecer la hospitalidad de la hermanas Teresitas del Niño Jesús.

Un sentido agradecimiento también a mi Comunidad de San Giovanni Battista en Italia que no sin temor, pero con plena confianza en Dios y feliz en la esperanza , me ha dejado partir como Abraham, a una tierra que yo no conocía y que siempre me ha sostenido con la oración y con grande disponobilidad ha acogido a las vocaciones que el Señor nos ha querido donar. Le agradezco porque ha sabido abrir el corazón y la mente a ésta nueva realidad que las jóvenes han traído y que ahora son Profesas Solemnes en la Comunidad.

Gracias a ustedes queridos Papás, los presentes y de igual manera los que no han podido venir, por la confianza que han puesto en mí, y haber dejado ir a sus tesoros más grandes a una tierra extranjera, para ser formadas en la escuela del servicio divino, siguiendo las huellas de nuestro Santo Padre Benito: el Señor les conceda muchas gracias y consolaciones. Sus hijas, con sus oraciones y sacrificios son un perfume de incienso a Dios grato.

A todos los Sacerdotes les digo: ¡Gracias de corazón! por haberme acogido en sus parroquias para presentar la vida Monástica y hacer promoción vocacional. Estoy particularmente agradecida con el Padre Luis Acosta Méndez, por toda la ayuda y la confianza que como Vicario de la Vida Consagrada me ha reservado; al Padre Rafael González Hernández que con grande disponibilidad y premura, siguiendo la invitación del Arzobispo y sin descuidar sus importantes actividades en la Arquidiósesis, ha seguido de cerca los trabajos de construcción durante mi ausencia.

No me olvido ciertamente de nuetros amados hermanos benedictinos de Texin: sea ésta una ocasión especial para agradecerles su “ORA ET LABORA” para el bien de toda la Iglesia, por la unión de plegarias con nuestro Monasterio y en comunión con todo el Orden Benedictino. Al mismo tiempo agradezco a todas las Comunidades religiosas de ésta Arquidiósesis: como Marta y Maria trabajamos unidas, en la Vida activa y contemplativa, para instaurar el  Reino de Dios para edificación de la Iglesia en los varios carismas que el Espíritu ha sucitado.
Agradezco a todas las autoridades que han hecho posibile la construcción de ésta casa de Dios y a aquellos que han vigilado  nuestra seguridad.

A todos nuestros bienhechores y amigos, ustedes son el signo visible de la Providencia de Dios y de aquella promesa que nada le hará falta a aquellos que confían en el Señor. El Señor recompence su generosidad. Y por último y con la misma importancia, agradezco a todos los que han trabajado concretamente en la realización de ésta grande obra de Dios, a nuestros Arquitectos y a todos los trabajadores, Mexicanos e Italianos, que dejando sus actividades, han dedicado su mayor tiempo a nosotras, esperando prontamente ver completada la obra.

A todos y  cada uno de los presentes ¡Gracias! Gracias por su presencia. Sea éste Monasterio como el Monte Sinaí donde Moises intercedía por su pueblo. En el tomarnos el cuidado de sus necesidades espirituales, les pedimos de ayudarnos a manter la atmósfera de recogimiento, de espiritualidad y de paz, para poder orar cada día L’Opus Dei y para poder recibir, en comunión con la Iglesia tambien sus oraciones por nosotras.

¡Gracias por todo y que Dios los bendiga!